miércoles, octubre 20, 2010

La mesa de los ganadores

El sábado como ya lo comenté, perdimos un partido que, a pesar de no haber jugado bien, siempre estuvimos a punto de darlo vuelta. Al final cuando ya nos jugamos y arriesgamos por demás, el rival pudo cerrarlo del todo. Pero la mayor parte del partido estuvimos a dos puntos de diferencia.
Cuando terminó el partido me fui al buffet y estaban los ganadores comiendo y tomando algo. Estaban de muy buen ánimo y repasando las jugadas del partido que acababan de ganar. Me quedé con ellos y juntos recordábamos lo cerrado que había sido el juego, de cómo no habían aprovechado del todo nuestros errores y nos permitieron siempre estar al acecho. Incluso nos mofábamos de los errores que habían cometidos ambos equipos y cosas por el estilo. Obviamente que no había nadie de Guardianes en la mesa, creo que sólo estaba Richi. No había nadie porque "no había nada que festejar", había que hacer el duelo, irse a casa a mandar mails incriminatorios o sufrir en la triste soledad.
Como siempre, me quedé a ver el otro partido. Cuando llegué ya iban empatados en un TD o algo así. La verdad es que fue un partidazo, terminaron 48 a 45. ¡Si, casi 100 puntos entre ambos equipos y sólo tres de diferencia! Un verdadero festival de jugadas increíbles, errores garrafales y abruptos cambios de ánimos en ambos lados de la cancha. En esta ocasión me quedé a ver el partido del lado de los suplentes de quienes finalmente ganaron. Casi todo el encuentro estuvieron abajo y lo dieron vuelta faltando menos de dos minutos para el final. Imaginen el abanico de sensaciones que se vivieron en ese sideline. ¡Por Dios! En un momento eran héroes, en otros condenados a la silla eléctrica, eran los peores del mundo. En ocasiones se gritaban los peores insultos y en otras las palabras más motivadores imaginables.
Cuando terminó la catarata de puntos nos fuimos al buffet y obviamente sólo los jugadores del equipo ganador estaban sentados a la mesa. Todos contentos, sonrientes y comentando el 'partidazo' que acababan de ganar.
En mi vuelta a casa pensaba en ambas situaciones post partidos. Cómo los dos juegos que fueron definidos faltando menos de dos minutos y por muy poquitos puntos podían determinar la tristeza y destierro de los perdedores, y por el contrario la felicidad y las risas pasaban a ser propiedad exclusiva de los ganadores.
¿Cómo puede ser que tres, dos o siete puntos pueden hacernos sentir que somos los mejores o que somos una 'murga'? ¿Qué hubiese pasado con esos equipos si hubiesen perdido? Apuesto que no se hubieran ido contentos a tomar unas cervezas riéndose de los pases caídos o flags errados.
Pero las victorias son así, un dulce néctar que embriaga, que tapan todo y llenan de alegría el corazón. Una felicidad muy efímera que dura unas horas o como mucho un par de días. La semana que viene todo volverá a empezar y ya no importará lo bien que la pasamos hoy. El sábado próximo pondremos en tela de juicio a nuestro mariscal, exigiremos cambiar la defensa, despotricaremos contra el playbook o incluso amenazaremos con dejar al equipo. Tan increíble como frágil es el equilibrio emocional de ganadores y perdedores
Podría yo escribir muchas cosas sobre esto, pero creo que no hace falta. A esta altura todos deberíamos entender que cada tarde uno mata y muere en los partidos. Y que, como cuando eramos chicos, volemos a renacer y a jugar como si nada hubiese pasado en la siguiente oportunidad.
Drama y comedia, risa y llanto.Todo pasa cada semana en el Damaso. Por eso celebro cada sábado donde el dulce hechizo de la victoria dura sólo unas horas, y por suerte exactamente lo mismo dura la tristeza de la derrota.

martes, octubre 19, 2010

El centro de la discordia

¡Qué partidito perdimos el sábado! Jugamos mal, nuestra ofensiva después de mucho tiempo anotó menos de tres TDs. Definitivamente no estuvimos afilados, hubo pases caídos y soltados que podrían haber sido anotación y hubo otros que no fueron lo preciso que suelen ser. Era una tarde medio difícil pero así y todo el rival tampoco tenía mucha luces. Para este partido hicimos algunos cambios defensivos que nos ayudaron a neutralizar lo que mejor hace el rival, por lo tanto, si manteníamos nuestro dichoso promedio de anotaciones teníamos muchas chances de ganar.
Pero podía fallar y falló. Cometimos erroes que ningún otro equipo de la liga comete, y uno no puede hacer eso y pretender salir ileso. Errores que además fueron chispitas que encendieron nuestro mal humor de mecha corta. Pero, así y todo tuvimos el partido al alcance de la mano, no estábamos lejos. Pero no, no se dio. Después del partido me puse a pensar si esos errores habían sido la razón de la derrota y realmente no lo se.
Pero lo que sí se es que en una tarde donde las cosas no salen como uno quiere, errores de ese calibre son los clavos del ataúd. Porque el rival no tuvo una tarde mejor que la nuestra, no le sobró nada pero tampoco nos regalaron nada. Por los tanto, si queríamos ganar teníamos que hacerlo por nuestro medios sin ninguna 'ayudita'.
¿Entonces perdimos por esos errores? No se, que cada uno decida y elija la respuesta que más le guste o convenga.

Como era de esperar, una derrota como esa trajo rabietas, caras largas, pucheros y hasta se recriminaron cosas que jamás saldrían a la luz en días de victoriosos. (Mañana a la noche prometo subir un post sobre este tema)
No hay razones que justifiquen todo esto. Si uno juega mal, se tiene que hacer cargo y no buscar embarrar la cancha con cuestiones como el lenguaje utilizado en la cancha o cosas por el estilo.
Si uno puede asegurar que jugó lo mejor que pudo en cada jugada, que dio todo y que no fue presa de la distracción en ningún momento. Entonces no debe sentirse a punto de morir por haber perdido. Uno se puede enojar o protestar un poco, pero no mucho más que eso. Luego hay que buscar y solucionar lo que se hizo mal. Ahora bien, si uno durante el partido se mando macanas de distintos calibres y colores (muchos o pocos), no puede pretender que los compañeros lo traten a uno como padres, madres, tutores o encargados. Apoyándolos, susurrándoles palabras de autoayuda y diciéndoles que no importa, que la próxima vez será. Esto es un juego y cuando uno juega debe dar todo por el equipo, sea mucho o poco, eso no importa. Por eso, a todos aquellos que se sienten defraudados e incomprendidos les pido que a la noche cuando se vayan a dormir y nadie los escuche se pregunten si hicieron todo lo posible antes y durante el partido para que los errores cometidos no sucedieran. Si salen indemnes de esa pregunta les digo que no deben sentirse mal, que una mala tarde la tiene cualquiera. Si están en el otro grupo les digo que tenemos quince días para relajarnos, descansar y recuperar a lesionados. Y que luego comienza lo mejor de esta temporada que empieza su recta final. Y que no se entretengan con espejitos de colores, que estudien el playbook y que vengan a entrenar, ese es el único secreto.

lunes, octubre 18, 2010

Ruleta rusa

Muchas veces con Diego nos preguntamos si habremos hecho lo correcto en no haber dado el salto del flag football al football americano tradicional. En un momento la Liga tenía casi 200 jugadores, teníamos protecciones que habían sido donadas por un americano que promovía el deporte y hasta teníamos contacto fluido con la gente de la NFL. Justamente fue en una reunión con ellos en NYC en la cual nos recomendaron no abandonar el flag football. Imaginen que para nosotros, que crecimos mirando el deporte por la TV era un consejo que no estábamos muy convencidos de seguir. Inmediatamente nos pusimos a investigar sobre el tema y llegamos a la conclusión que para que el deporte creciera debería hacerlo pagando un precio muy alto y que nosotros no estábamos a dispuestos a hacerlo. El precio del que hablo son las lesiones. Y no de las fracturas de tibia y peroné como las que yo mismo sufrí en la final del 2002 y que me costó dos operaciones y más 10 meses de recuperación. Hablo de las lesiones que son irrecuperables e incluso las que provocan la muerte.
En la sociedad estadounidense hace más de 100 años que hijos, padres y hermanos juegan football. Y saben que estadísticamente, cada cierta cantidad de partidos, un jugador muere o queda paralítico. Ya tienen asumido que no es un deporte simple e inocente. Muchas reglas han sido cambiadas año tras año debido a las graves lesiones que se producían. Por ejemplo, luego de ver que muchos mariscales de campo sufrían contusiones cerebrales muy graves, decidieron cambiar la forma en que se los puede golpear.
Hoy los 'viejos fanáticos' del deporte en Estados Unidos dicen que el que se juega ahora es un deporte de señoritas, que se parece al soccer (nuestro fútbol). Que American Football era el antes, como el que jugaba Dick 'Night Train' Lane, por ejemplo. Un jugador al que apodaron "tren nocturno" por la manera en que te hacia sentir cuando te tackleaba.
Este fin de semana Eric LeGrand de Rutgers University en un tackle como los miles que hay cada sábado sufrió una lesión que lo dejó paralítico del cuello hacia abajo. Yo entiendo que estas lesiones no son comunes ni frecuentes, pero no creo que a Eric y a sus padres les interesen mucho esos datos estadísticos sobre el tema.
Siempre intentamos que este tipo de lesiones se mantengan lo más alejadas posibles de la AAFA. Así y todo, el nuestro es un deporte de contacto y en el que constantemente estamos 'peleando' contra la gente que quiere reglas más violentas.
Hoy cuando veo el video de la lesión (no se los recomiendo) se me estremece el alma y me recuerda por qué razón no organizamos footaball americano como 'el de la televisión'. No podemos nosotros poner en riesgo la salud de quienes vienen a jugar y pretender que con la firma de un papel que dicen que se hacen responsables, dejarlos jugar con cascos y hombreras sin el asesoramiento de un 'verdadero' profesional, sin el entrenamiento riguroso y necesario para un deporte de estas características.
Para que se pueda jugar football americano en Argentina primero la sociedad tiene que aceptar que la muerte y la invalidez son posibilidades muy altas en el juego. Y realmente no creo que nuestro país esté listo aún para eso. Y no se si alguna vez lo estará.
Es lindo salir en los medios y en la TV, o viajar y decir que se es 'jugador de football americano', pero uno no se convierte en boxeador simplemente por haberse comprado los guantes.
Debo ser de las personas que más ha luchado por este deporte en Argentina y me duele y me preocupa ver con la simpleza y poca seriedad que se trata el tema. El football americano es un deporte fantástico pero peligroso, y practicado de manera irresponsable es como jugar a la ruleta rusa con dos balas.